Casos de mordida abierta: cuándo tratarla

Cuando al cerrar la boca los dientes superiores e inferiores no llegan a tocarse, puede quedar un espacio visible entre ellos. Los casos de mordida abierta no son solo una cuestión estética: según su grado y origen, pueden dificultar morder ciertos alimentos, hablar con claridad o mantener una correcta salud oral. Una evaluación odontológica permite entender qué ocurre y elegir un tratamiento adaptado a cada persona.

¿Qué es una mordida abierta?

La mordida abierta es una alteración de la oclusión, es decir, de la forma en que encajan los dientes al cerrar la boca. Lo habitual es que los dientes superiores cubran ligeramente a los inferiores. En una mordida abierta, una parte de ambas arcadas no entra en contacto.

La más frecuente es la mordida abierta anterior, en la que existe un espacio entre los dientes delanteros. También puede ser posterior, cuando el contacto no se produce en las muelas. A veces la separación es pequeña y apenas se aprecia; en otros casos, afecta de manera clara a la función y a la armonía de la sonrisa.

No todas las personas viven esta condición del mismo modo. Hay pacientes que consultan porque no pueden cortar un bocadillo con los incisivos, mientras que otros lo hacen porque notan que sus dientes se han desplazado, que pronuncian ciertos sonidos de forma diferente o que les incomoda enseñar su sonrisa en fotografías.

Casos de mordida abierta: por qué aparecen

Identificar la causa es una parte esencial del diagnóstico. No existe un único tratamiento válido para todos los casos de mordida abierta, porque el origen puede estar en los hábitos, la posición dental, el crecimiento de los maxilares o una combinación de varios factores.

En niños y niñas, algunos hábitos mantenidos durante mucho tiempo pueden influir en el desarrollo de la mordida. La succión del pulgar, el uso prolongado del chupete o interponer la lengua entre los dientes al tragar son ejemplos habituales. Esto no significa que cualquier niño que use chupete desarrollará una mordida abierta, pero sí conviene vigilar el hábito y pedir una revisión si persiste más allá de la edad recomendada.

En adolescentes y adultos, la interposición lingual puede continuar aunque el hábito infantil ya haya desaparecido. La lengua ejerce una presión repetida sobre los dientes delanteros y puede dificultar la estabilidad de la mordida. También hay casos asociados a una posición o crecimiento particular de los huesos maxilares. Cuando el componente óseo es importante, el abordaje requiere una planificación más completa.

La respiración oral persistente, algunas alteraciones funcionales y la pérdida de piezas dentales sin rehabilitar también pueden contribuir a cambios en la oclusión. Por eso, tratar únicamente el espacio que se ve entre los dientes no siempre resuelve el problema de raíz.

Señales que conviene revisar

Una mordida abierta puede detectarse frente al espejo, pero hay detalles que requieren valoración profesional. Conviene pedir cita si al cerrar los dientes queda un espacio evidente, si cuesta morder alimentos como pan, pizza o fruta, o si la mandíbula hace esfuerzos incómodos para encontrar una posición de cierre.

También merece atención la dificultad para pronunciar sonidos como la s, la z o la ch, especialmente si se acompaña de salida de aire entre los dientes. En algunos pacientes aparecen molestias musculares, cansancio al masticar o una sensación de que los dientes nunca encajan del todo. No siempre estos síntomas tienen la misma causa, pero una revisión permite descartar problemas de oclusión y orientar el siguiente paso.

En el caso de los menores, una revisión temprana no implica necesariamente empezar ortodoncia de inmediato. A menudo sirve para observar el crecimiento, corregir un hábito a tiempo y decidir cuál es el momento más adecuado para intervenir. Actuar pronto puede evitar que una alteración leve se haga más compleja con los años.

Cómo se diagnostica una mordida abierta

El diagnóstico no se basa solo en mirar los dientes. El profesional analiza cómo cierras la boca, el contacto entre las piezas, la posición de la lengua, el estado de las encías y la relación entre mandíbula y maxilar. También conversa contigo sobre hábitos, antecedentes y molestias concretas.

Las radiografías panorámicas y otros estudios de imagen, cuando están indicados, ayudan a conocer la posición de las raíces, el hueso y las estructuras que no se ven a simple vista. En determinados casos se complementa con fotografías, registros de mordida y un estudio ortodóncico. Esta información permite diferenciar una mordida abierta principalmente dental de otra con un componente esquelético más marcado.

La diferencia es relevante. Si los dientes están inclinados o desplazados, la ortodoncia puede ser la base del tratamiento. Si existe una discrepancia importante en el crecimiento de los maxilares, puede ser necesario coordinar distintas especialidades. Un diagnóstico cuidadoso evita promesas rápidas que no tienen en cuenta la estabilidad del resultado.

Tratamientos según la edad y el origen

El tratamiento de la mordida abierta depende de la edad, la causa y la severidad. El objetivo no es solo cerrar el espacio: se busca que los dientes contacten de forma funcional, que la sonrisa sea armónica y que el cambio se mantenga en el tiempo.

Tratamiento en niños y adolescentes

En pacientes en crecimiento, retirar o reducir el hábito que está provocando la alteración puede producir una mejora significativa, especialmente si se hace a tiempo. Cuando existe deglución atípica o una posición inadecuada de la lengua, puede recomendarse apoyo de logopedia o terapia miofuncional. Este trabajo ayuda a reeducar funciones como tragar, respirar y colocar la lengua en reposo.

Según el caso, la ortodoncia interceptiva puede guiar el desarrollo de los maxilares y crear mejores condiciones para la erupción de los dientes definitivos. No todos los menores necesitan el mismo aparato ni el mismo tiempo de tratamiento. Las revisiones periódicas permiten adaptar el plan a su crecimiento real.

Ortodoncia en adultos

En adultos con una mordida abierta de origen dental, los brackets o los alineadores transparentes pueden mover los dientes de forma planificada hasta mejorar el contacto entre ambas arcadas. La elección entre un sistema u otro depende de la complejidad del caso, de las necesidades clínicas y de la colaboración del paciente.

Los alineadores ofrecen una alternativa discreta y removible en determinados casos, pero requieren un uso constante para funcionar bien. Los brackets, por su parte, permiten realizar movimientos muy precisos y pueden ser la opción más indicada en tratamientos complejos. Ninguno es mejor para todo el mundo: el diagnóstico define la recomendación.

Si la lengua sigue empujando los dientes o existen hábitos que no se han corregido, el riesgo de recaída aumenta. Por eso la ortodoncia puede ir acompañada de terapia miofuncional y de controles clínicos. Al terminar, las contenciones son fundamentales para mantener la nueva posición dental.

Cuando hay un componente óseo importante

En algunas mordidas abiertas severas, la relación entre los maxilares es el factor principal. En pacientes que ya han terminado de crecer, puede valorarse un tratamiento combinado de ortodoncia y cirugía ortognática. Es una alternativa que se estudia con detalle y solo cuando está realmente indicada.

No todos los casos esqueléticos requieren cirugía. A veces es posible conseguir una mejora funcional y estética con ortodoncia, aceptando ciertos límites del resultado. La decisión debe ser transparente, con explicaciones claras sobre beneficios, tiempos, cuidados y expectativas realistas.

Qué puede pasar si no se trata

Una mordida abierta leve no siempre genera dolor ni requiere una intervención urgente. Sin embargo, dejarla sin revisar puede mantener dificultades al masticar, favorecer sobrecargas en algunos dientes o hacer más difícil una correcta pronunciación. Cuando no hay buen contacto dental, otras piezas pueden compensar con movimientos o desgastes que conviene prevenir.

También hay un aspecto emocional que merece atención. Sentirse incómodo al sonreír, evitar fotos o preocuparse constantemente por el aspecto de los dientes puede afectar a la confianza. Buscar ayuda no es una cuestión de vanidad: es una forma de cuidar la salud, la función y el bienestar personal.

Una atención planificada da tranquilidad

Corregir una mordida abierta requiere paciencia, pero el proceso no tiene por qué ser confuso. En ECOS Salud, la evaluación inicial permite revisar tu caso, resolver dudas y plantear opciones de tratamiento con profesionales certificados. Si dispones de seguro complementario o necesitas organizar el pago en cuotas, también es útil consultarlo desde el principio para planificar con tranquilidad.

No esperes a que una dificultad al morder o una preocupación por tu sonrisa se convierta en una molestia mayor. Agenda una evaluación gratuita y recibe una orientación clara sobre los pasos que pueden ayudarte a recuperar un cierre dental cómodo, funcional y estable.

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